The Young Pope, la crítica más hermosa hacia la iglesia católica

The Young Pope, la serie que en verdad podríamos decir que es una película de diez horas, realizada por el fantástico director Sorrentino, es uno de esos shows para la pantalla chica que simplemente enamora. En una época donde las producciones televisivas buscan más el comercio que el deseo de contar una historia, The Young Pope aparece como la representante artística de las series contemporáneas. Fantástica, onírica, melancólica, altamente reflexiva y visualmente hermosa. El show no le da un respiro al espectador.

Sorrentino, ganador del Oscar por la Gran Belleza en el 2013, ha creado una de esas historias que solo él puede contar. Un show tan complejo pero a la vez guiado por referencias populares, humor y cinismo que lo vuelven accesible para todo el mundo. The Young Pope nos cuenta la historia del recién ordenado Papa Pío XIII, protagonizado de manera brillante por Jude Law, un huérfano abandonado por sus padres hippies y adoptado por una comunidad religiosa guiada por la Hermana Mary (Diane Keaton), el cual al inicio de la serie se viste por primera vez con las túnicas papales al ritmo de Sexy and I know it. Escena que nos da un abreboca de lo que será esta refrescante historia.

Pio XIII es sexy y lo sabe. Joven pero conservador extremo, la viva imagen del deseo y sus consecuencias. Un Papa que es capaz de censurar su propia imagen para mostrarse inalcanzable pero que al mismo tiempo seduce al espectador para transformarlo en su cómplice. Un personaje que inevitablemente nos acerca al contrapunto del deseo: el trauma y el anhelo que simplemente significa insatisfacción.

En The Young Pope, la cabeza de la iglesia católica resulta ser una persona déspota que busca regresar a la época oscura del catolicismo, en donde el temor de Dios prima y las relaciones del Vaticano con el mundo no son las de una alianza política sino las de un imperio. Un Papa que solo desayuna un cigarrillo y una Cherry Coke, que no viaja, ni visita a nadie pero que trae a la mesa el debate de la existencia de Dios, el voto de castidad, la homosexualidad, la pederastia, la jerarquía religiosas y las relaciones políticas. Un Papa diosificado pero al mismo tiempo humilde y milagroso. Una combinación tan extraña y nada predecible que deja enganchado al espectador en la búsqueda por comprender la razones de su accionar.

Si eres de las personas que piensan que no hay ideas originales en el mundo televisivo, tienes una cita obligada con esta producción pero siempre considerando que la serie es una crítica, aunque no parezca, muy amorosa y fuerte hacia el catolicismo y la espiritualidad. Tal vez por eso ha podido abordar todos los temas que más afectan a la iglesia y salir inmune sin ninguna crítica negativa ni polémica. Una historia brutalmente honesta y surreal, al estilo de Fellini, que ha dejado callada y probablemente desconcertada a una de las instituciones más antiguas y poderosas del mundo, después de ser criticada de una manera única y hermosa.

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