Te quiero muñeca: Humor y aprendizaje.

Sin lugar a duda una de las comedias más astutas y reflexivas pisa las tablas del teatro samborondeño para sacudirnos con tres aristas fundamentales: Relaciones, amor y machismo.

Entrando con fuerza a su tercera semana, Te quiero muñeca sigue agotando la taquilla del Teatro Sánchez Aguilar y ojalá se mantuviera así esta última semana y muchas más que imaginariamente me gustaría darle. Esta comedia española dirigida por Wilson García nos habla de un reconocido crítico de cine (Santiago Carpio) que, decepcionado de las mujeres decide construir junto a una buena amiga (Rosymar González), científica especialista en inteligencia artificial, una mujer biónica que se apegue a sus necesidades de pareja.  

Ahora sí, hablemos un poco de las aristas mencionadas anteriormente:

Relaciones

La palabra clave en esta obra es: Ideal. Te quiero muñeca nos contextualiza en dos parejas cuya idea de lo -valga la redundancia- ideal los ha llevado a vivir una relación de conformidad y frustración. Tenemos a Rosa (Carolina Piechestein) y Ramón (Pepe Sánchez) una pareja cansada  de la convivencia debido a que cada uno apunta a horizontes diferentes bajo el mismo concepto de lo “ideal”. Rosa buscando todo el tiempo agradar y complacer; Ramón por otro lado lo vemos atrapado en el círculo vicioso de lo “seguro”,  lo “estable” y lo “normal”  que se exige en un hombre para una relación ideal. Se puede observar que ambos están frustrados por el peso de la imagen que tiene que cumplir ante la sociedad. Sumados a estos dos se encuentran Andrés (Santiago Carpio) y Nora (Shany Nadan) un reflejo de las aspiraciones que tienen Rosa y Ramón como pareja, que a simple vista se ve como una meta pero que sin embargo está fundamentada en el confort y la inmediatez. Santiago Carpio comentaba al respecto: “Tú como ser humano te vas alienando a la tecnología y la parte científica para pedir cosas a la carta”.  

Dentro de esta área podemos decir que la obra nos resalta lo necesario que es el otro dentro de mi construcción y como si elimino su incapacidad de incomodarme, me deja únicamente con mi perspectiva limitada de la realidad y peor aún, con la incapacidad de crecer y expandir mis horizontes más allá de lo que percibo.

Amor

Fuera del romance o la necesidad de compañía, la obra hace hincapié a un tipo de amor muy necesario hoy: El amor propio, esa autovaloración que nace de la conformidad, de la aceptación de lo que soy y tengo.  Este concepto lo vemos encarnado principalmente en Andrés cuya inconformidad consigo mismo lo lleva al extremo de “resolver”de manera externa su incapacidad de relacionarse con una pareja e incluso no lidiar con una mujer que se “ajusta” a sus caprichos. Sin embargo, el personaje en el que se manifiesta esta reflexión sobre el amor propio completamente es Rosa. Carolina Piechestein nos resume esta idea del amor propio a través de su experiencia del personaje: “Rosa me deja una lección super fuerte acerca de lo que es ser uno mismo, de lo que es amarse uno mismo tal y como es. Ella siempre está buscando ser como otros, compararse, que el marido la acepte […] Mi parte favorita es cuando ella dice: ¡Soy yo!¡Por fin soy yo! esa es la liberación de Rosa”

Machismo

Parafraseando una de las respuestas del personaje de la Dra. Alba, la cual siento que resume el modelo patriarcal de la obra: “Una mujer con baja autoestima es una mujer que se siente culpable por todo y una mujer culpable es una mujer sumisa.”

De manera directa, la obra nos dice: “Las mujeres no son objetos, no están creadas para satisfacer al hombre” frase a la que más de uno y una se atrevería a decir “pero si todo el mundo sabe eso”; sin embargo desde el estrato social más alto hasta el más bajo la figura de mujer que se imparte tanto en los colegios como en los hogares e iglesias es el de madre, esposa y amante. Pero más allá del “cargo”, es su significante dentro de nuestra sociedad: madres encargadas 100% de la crianza de los hijos, esposas completamente devotas a sus maridos y amantes que no hablan ni cuestionan a pesar del golpe.

“Me tocó a mí interpretar el personaje del vecino “Insustancial” como graciosamente lo define el mismo autor, y al hacerlo me divertí mucho al interpretar a este estereotipo del género masculino preocupado por el fútbol y tomar cerveza, completamente obnubilado por la belleza y sensualidad de la esposa del vecino” me respondió Pepe Sánchez al preguntarle acerca de su personaje Ramón quien para mi juega el papel fundamental al representar todos los modelos impuestos por la sociedad que un “hombre” debe cumplir: El matrimonio como una carga, la predilección por lo “rudo” o lo “varonil” como el fútbol y la cerveza,  la necesidad de ser quien “manda” en la relación (que lo vemos de igual forma en Andrés) pero sobretodo -algo que engloba a ambos personajes masculinos- la necesidad de estar acompañado de una mujer “perfecta” más que para él, para su entorno. Se puede ver claramente que la mujer está siendo objeto para la valoración y aprobación social y familiar del hombre.

No me cabe la menor duda que el Teatro Sánchez Aguilar hizo una apuesta completamente acertada con este guión, elenco y dirección. Este análisis que hago es todo aquello que las interminables situaciones de comedia esconden al final de las risas, siendo esta la mejor manera de aprender: riéndose de uno mismo. Es por eso que me gustaría extenderles una invitación a ver, en su última semana (26, 27 y 28 de Mayo), “Te quiero muñeca”;  aseguro risas de principio a fin y para los más curiosos un sendero de “ah mira” que los guiará durante todo el show.

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