Guayaquil, más puta que curuchupa.

El título es la primera frase que golpeó mi cabeza al momento de conversar con mi entrevistado. Un individuo que como agradecimiento por sincerarse acerca de sus aventuras y desventuras sobre este tema, he decidido llamarlo Juan, para resguardar su identidad, aunque él no tenía problema en mostrar su nombre.

En búsqueda de información para escribir un artículo sobre prostitución masculina, lo que pensaba que serían referentes acerca de las diferentes plataformas que permitan dichas transacciones, terminó siendo toda una red de negocios sexuales que giraban alrededor de estos temas. Por un momento me alarmó, no por el contenido, porque considero que la sexualidad es una práctica libre y autónoma incapaz de ser comprendida -peor aún regulada- por la ética y moral, sino por encontrar una estructura tan rentable que sería capaz de sostener a muchos ministerios de una forma más eficiente que la del gobierno de turno.

En una ciudad en donde se asientan veintitrés iglesias católicas (siendo el catolicismo la fe con mayor popularidad entre los habitantes) Juan me cuenta su recorrido a la semana por los diferentes spas para hombres, cuyo atractivo principal es su cuarto de vapor o sauna. En este punto, nada de lo que me contaba Juan salía del imaginario de cosas que yo manejaba. Entendía que si existían spas con servicios sexuales para heterosexuales, deberían existir algunos para homosexuales.

Sin embargo, mi horizonte de ideas se estrelló con un sistema envidiable, algo que los spas de heterosexuales carecen: libertad sexual. Basta con pagar ocho dólares para entrar a un escenario completamente griego, en el sentido de que uno puede encontrarse con un grupo de hombres desnudos y de ahí en adelante lo que pase dependerá de tus habilidades de conquista.  Durante un periodo de tiempo, el hombre que accede a estos servicios puede disfrutar de todo -y todos- lo que en ese momento se encuentre dentro de este sauna. Muy diferente a la manera en que funcionan los spas heterosexuales, que prácticamente consisten en lugares para practicar la prostitución.

Mientras seguía conversando con Juan, mi curiosidad crecía acerca de cómo se mantenían estos negocios tan lejanos del ojo público. “Son lugares de ambiente, por eso nadie más que nosotros los conoce” -me explicaba Juan- entendiendo por “ambiente” que ese lugar es un punto de encuentro común entre gays, esta palabra es parte de la “jerga homosexual” como profundiza él. No obstante, Juan obtuvo más de mi interés cuando me aclaró dos puntos:

1) El sauna del que hablábamos generaba aproximadamente $800 – $1.000 diarios.

2) Ese negocio era apenas la punta del iceberg.

Imposible cerrarle la puerta a la curiosidad luego de tales acotaciones. Partiendo por el primer punto, argumentaba Juan que existen tres saunas principales que dominaban este nicho, lo cual hace un poco más real la idea de que se pueda producir tanta cantidad de dinero diario, a pesar de esto, estamos hablando de que posiblemente éste sea uno de los negocios más rentables (y considerables durante este periodo de crisis) que ha visto esta ciudad.

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Fuente: www.relaxspagye.com

Según cifras del Censo Nacional Económico realizado en el 2010, en Guayaquil existen 105 establecimientos que ofrecen los servicios de baños turcos, saunas y baños de vapor, centros de spa, salones de adelgazamiento, salones, de masaje, baños públicos, etcétera. En el 2011, Relax Spa fue clausurado por constantes denuncias de una moradora. Según información del intendente de turno, Julio César Quiñónez: “el lugar era un centro de perdición en donde hombres presuntamente mantenían relaciones sexuales con otros hombres y también con mujeres”, pero esa no fue la razón de la clausura sino que los instrumentos del lugar funcionaban con gas doméstico, lo cual no es permitido por la ley. Meses más tarde volvieron a abrir.

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Como un sello de “hasta luego” sobre este tipo de temáticas, les recomiendo a todos aquellos que de manera irónica plantean ponerse una iglesia ya que suponen es el negocio más redondo en nuestra ciudad/país, que considere el hecho de dirigir su visión a un postor aún más rentable que la fe.  Ya que como pudimos ver, ni todas las iglesias juntas, lograrían el dinero diario que estos establecimientos generan.

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