Sexy Montañita: Proponiendo una industria.

El 5 de Diciembre del 2014, en 39 salas de cine y 21 ciudades del Ecuador, se estrenó la ficción en estilo de falso documental llamado Sexy Montañita del director Alberto Pablo Rivera. Lo interesante de esta cinta no radica en el cómo está hecha, por quién o peor aún el por qué. Lo que nos quiere enseñar Sexy Montañita -incluyendo a todos a quienes realizan audiovisuales-  es aquello que ciertas veces el “ego” de los realizadores no les deja ver: Una nueva industria.

¿Qué propone en verdad este filme?

Resultados.

Para quienes vieron la película podrán entender que no es una obra que busca cambiar la vida de sus espectadores. Algunos, incluso, no encontraron en ella una excusa para entretenerse y peor aún disfrutarla. Independientemente de lo que cada persona piense después de verla,  Sexy Montañita, fue la película ecuatoriana más taquillera en el 2014, alcanzando un público de 14,000 personas (Según el diario El Universo). En cuestión de números ha sido una de las pocas -por no decir única- entregas cinematográficas que ha logrado recuperar la inversión de la cinta e incluso generar ganancias a sus productores. Este último aspecto es trascendental.

El cineasta quiteño Miguel Alvear en su película Más allá del Mall, explica que la mayoría de películas ecuatorianas “exitosas” son las que logran pagar todos los gastos, el resto son aquellas que quedan con deudas y los casos excepcionales son aquellas que logran producir utilidad, como lo hizo Sexy Montañita. Para este film, era bastante fundamental generar ganancias debido a que fue financiada enteramente con fondos privados y en el caso que la película fallara en producir la taquilla correspondiente, seguramente el director hubiese sido linchado por sus ejecutivos.

El inicio de una gran bola de nieve, que en verdad no tiene fin.

A las salas de cine se las suele culpar por guardar resistencia al momento de proyectar contenido ecuatoriano. En el caso de Sexy Montañita fue un logro haber tenido acceso a 39 salas de cine en el país, pero aun así equivale a una gran derrota debido a que solo la cadena Supercines posee 110 salas en todo el Ecuador. Sin embargo, con las salas que el film pudo conseguir, logró generar 14,000 espectadores. Hay que comprender que el cine también es un negocio y las películas que llegan a las salas no deben ser expuestas por patriotismo sino porque funcionan para generar ganancias. En nuestra realidad ecuatoriana, tenemos salas que no creen en los productos y productores que no creen en las salas. La respuesta a este conflicto es muy sencilla, hay que empezar a creer.

Sexy Montañita, es una película que desde su fórmula buscó alcanzar a ese porcentaje de la población que consume televisión nacional y lograr trasladarlas a las salas de cine. Hablamos de que el 94 % de la población posee al menos 1 televisor según el estudio realizado por el INEC. En este arriesgado movimiento, logró las cifras ya mencionadas, pero sobretodo, lo que quería lograr era marcar un precedente y lo hizo. Es muy probable que, el autor de la película, Alberto Pablo Rivera pueda, sin ningún recelo, estar en una reunión con ejecutivos y convencerlos de la valía de su nuevo proyecto, porque posee resultados que lo respalden. La reunión ya no resulta un acto de mendigar o vender castillos en el aire, sino una verdadera reunión de negocios.

El cine es arte, pero también debe ser un negocio. Lo que conlleva a que se vuelva una industria es: Más salas llenas = Más inversión en el cine = Industria de Cine = Trabajo constante para todos los realizadores, equipo técnico, crews, etc. Para lograr esto tal vez sea necesario usar la fórmula de la filmografía de Steven Spielberg: Cinco para ellos y una para mí. Darle al público unas cuantas entregas comerciales, de esas que sirven para hacer digestión en el cine, sacar un par de risas, un par de lágrimas, esas que son fáciles de hacer debido a que Hollywood nos las ha entregado como papillas las fórmulas desde que somos niños y luego de esas -con un poco más de credibilidad y capital- sacar la película que en verdad yo quiero ver, más exclusiva para ciertos públicos, esas que ganan premios, etc.

Venderse, prostituirse, traicionarse y demás términos son solo obstáculos impuestos por un sistema que lo único que ha logrado hasta el momento son 71 películas (registradas) desde 1924 hasta el 2015. Irónicamente, es un número muy cercano a la filmografía de Woody Allen, quien lleva aproximadamente cuarenta y siete años trabajando en el mundo del cine. La moraleja no es convertir al cine ecuatoriano en una fábrica de salchichas para tener una industria de cine, sino replantear las estrategias de acercamiento al público, tomándolo en cuenta, escuchándolo y aportándole mucho más de los referentes cercanos en dosis que ellos puedan aprovecharlo. Muchos cineastas dan cucharadas enormes de su potencial y se olvidan que Ecuador es un público aún en pañales que no puede abrir tanto la boca a otro contenido. Miremos la tierra que pisamos y seamos gentiles al hacerlo, busquemos cultivar y preservar, más no abusar y erosionar a nuestro público.

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