Charlie Sheen y la realidad de las personas con VIH en el Ecuador.

Llegué al hospital de infectología y observé a las personas a mi alrededor. Las caras se repiten, me refiero a las emociones que éstas reflejan. Todas con tristeza y una especie de melancolía. Es obvio, nadie va a un hospital porque está feliz. Veo que la mayoría usa mascarillas y pienso en ese instante que fue muy ingenuo de mi parte no llevar una. Acababa de entrar en la meca de los virus de la ciudad. Todo a mi alrededor parecía símbolo de contagio, pero a través de mi paranoia me recibe en bata blanca y con mentón alzado, sin rastro alguno de preocupación, el doctor quien había accedido a conversar conmigo. Noto en él, en su rostro y en su caminar, que está completamente acostumbrado al ambiente, que para él nada es extraño. No insinúo que no le importe las personas a su alrededor, sino que es de admirar la forma en como no le preocupa contagiarse. Estamos hablando de los virus, agentes infecciosos microscópicos acelulares de propagación masiva, que etimológicamente hablando proviene del latín y significa veneno o toxina. Y aun así, el rostro del doctor no muestra preocupación alguna.

Me reuní para discutir sobre un virus en particular, el VIH. Hace unas semanas el famoso actor, Charlie Sheen, declaró que contrajo este virus hace cuatro años y que para él ha sido muy complicado aceptar su situación. Incluso había tenido que sobornar a personas para que no revelen información sobre su estado médico. Después de ver la entrevista pensé: si para este hombre que posee millones de dólares y es mundialmente querido, ha sido complicado aceptar su situación ¿cómo será para los demás? Enseguida me di cuenta que los medios no estaban hablando sobre el virus en particular, sino sobre Charlie teniendo el virus, ignorando el debate que se podría estar creándo.

Los medios de comunicación, reaccionaron como reaccionan siempre en el momento en que algo le sucede a un famoso: Se crea este virus mediático de propagación masiva pero de eficacia dudosa. Lo digo porque leía titulares que decían que Sheen tenía SIDA, lo cual no es lo mismo que ser portador de VIH. Hay que aceptar que el virus de la ignorancia es el más difícil de erradicar. Por eso, este texto que nace de la conversación con un doctor, pretende derribar ciertos mitos creados a lo largo de los años.

“En Guayaquil y específicamente en el Hospital de Infectología, se tratan a 8000 personas con VIH. Se dice que por cada uno de esos 8000 hay 10 personas que tienen el virus y no lo saben o no buscan tratarse. Es decir que podemos inferir que existen 80 000 personas con VIH. Eso haciendo cálculos sólo con el Hospital de Infectología. No estamos contando a otras instituciones, ni tampoco considerando a otras provincias de nuestro país. Si tuviéramos que estimar cuántas personas poseen el virus en la ciudad, podríamos afirmar un estimado de 800,000. Un número sorprendente.”

En realidad es un número preocupante pero más preocupante aún, es la discriminación que sufren las personas con este virus. No es secreto, que ciertas empresas exigen certificados para verificar si se es VIH positivo, al momento de acceder a un trabajo. Siendo este un acto ilegal, tipificado por la legislación ecuatoriana. El virus no afecta de ninguna forma al desenvolvimiento de los empleados. Es necesario derrumbar el primer mito acarreado por años. El VIH no es una sentencia de muerte. Si se trata con los medicamentos necesarios, un portador puede vivir exactamente la misma cantidad de años que una persona normal. Se estima en EEUU que la vida promedio de una persona es de 79 años. Una persona con VIH, medicada, en promedio vive unos 73 años. No hay mayor diferencia.

Segundo gran mito que hay que derrumbar, es que el VIH y el SIDA no son los mismo. La diferencia radica en que el SIDA, es el síndrome causado por el virus. Es decir, el virus al no ser contrarrestado por medicamentos muta a SIDA. Al momento en que Charlie Sheen hace el comentario de que su VIH es casi indetectable, se refiere a que la carga viral en su cuerpo es muy pequeña, ya que ha sido atacada durante durante años con poderosos medicamentos. No todos quienes tienen VIH se ven como personas enfermas. Pueden ser portadores del virus y tener un excelente semblante.

Tercer gran mito que hay que derrumbar, el contagio. No hay forma que el virus se traspase mediante ninguna otra manera que no sea por el intercambio de fluidos. De hecho, el virus en el exterior tiene un tiempo de vida de dos a tres minutos, no más. Una persona que usa preservativo, no podrá contagiarse, ni contagiar con el virus. Tener VIH no es sinónimo de abstinencia. Las personas portadoras pueden tener una vida normal, tener pareja y familia. Lo cual nos trae a otro punto muy importante: Las madres con VIH no siempre contagian a sus hijos. Si la madre da a luz por cesaria y no da de lactar, es imposible que el niño contraiga el virus. Debemos eliminar estas ideas erróneas sobre la enfermedad, que no es nada más que eso, una enfermedad más.

“Tuve un paciente de VIH positivo que un banco le negó un préstamo por tener la enfermedad. Tuve otro, que siete médicos se negaron en operarlo. Eso es negligencia médica. Y cuando vemos que hasta los propios doctores tienen un miedo absurdo de contagio, ¿qué podemos esperar de los demás? La discriminación hacia las personas con VIH es sorprendente. Muchos tienen que trabajar a escondidas, no figurar en la nómina y no tener acceso a un seguro, para poder mantenerse, solo por ser portadores del virus.”

El problema discriminatorio nace del origen del virus, al momento en que la enfermedad está relacionada al sexo, el hecho de contraerla es un acto vergonzoso. Pero el sexo no es un acto de vergüenza y la enfermedad solo es una enfermedad, que incluso puede ser prevenida. Esta no solo se prevé con el uso del condón, sino también con la información: el conocer la sexualidad, sus aspectos positivos y negativos. Las clases de educación sexual son indispensables para nuestra sociedad. Muchas personas por ignorancia y por miedo al estigma social, prefieren callar y no informarse sobre su situación médica. En ciertos casos la discriminación crea dentro de las personas un resentimiento y esto los lleva a no protegerse e infectar a las personas a su alrededor, sin culpa alguna.

20150818_120421Foto tomada en el baño del hospital de infectología

Una de mis pacientes, no tenía reparo en decir que era VIH positiva. Yo le decía que era preferible que no ande diciendo esos comentarios, pero ella no me hacía caso. Un día, fue al comedor al que siempre iba y se le ocurrió comentar sobre su enfermedad. Al siguiente día la recibieron con platos y cubiertos desechables. La señora llevaba años comiendo ahí, pero ahora sabían que estaba infectada. En la cabeza del dueño del comedor, él creía que a través de los cubiertos podría contagiar a los demás. Un pensamiento ridículo.

Después de la conversación con el doctor, me di cuenta que el virus más mortal e infeccioso, es la ignorancia. Mientras sigamos discriminando y juzgando a personas solo por tener una enfermedad, nos seguiremos pareciendo a quienes creían que la lepra era un castigo divino. Solo el conocimiento nos llevará a ser mejores personas y la única forma de acceder a él es mediante la propia voluntad. Pero no hay que ser egoístas, busquemos difundir el conocimiento, insistir a los demás de que hay miedos sin fundamentos. Hablemos de sexo y de tabúes. Hablemos de todo lo que nos motive a tener una mejor sociedad. Tal vez en algunos años erradiquemos el VIH, mientras tanto erradiquemos la ignorancia alrededor de este virus.

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Categorías:Artículo

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2 replies »

  1. Excelente artículo acerca del ViH, tuve un familiar que vivió varios años con el virus, y nunca dejé de quererlo o visitarlo pese a que en mi propia familia me “recomendaban”que no lo abrazara mucho. La ignorancia es el virus más aniquilador que hace distanciarnos entre seres humanos.

  2. Excelente artículo. Coincido en que el virus más peligroso es la ignorancia. Tiene tratamiento pero cada vez le interesa a menos personas.

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