Mi amiga fue violada por un compañero de universidad

Los nombres de la historia fueron cambiados.

Quizás, algunos de ustedes han leído alguna historia sobre una mujer que ha sido violada por un compañero de su universidad, en Estados Unidos. Hay varias historias de chicas que han sido agredidas sexualmente en campus, fiestas, carros, e incluso sus propios departamentos, en sus años universitarios. En muchas de estas historias, ellas no se pueden defender porque están muy intoxicadas con alcohol. Si eres mujer, al leer sobre estas experiencias, puedes sentir un sentimiento de terror incrementándose dentro tuyo sobre aquellas lejanas tierras y un sentimiento de falsa seguridad en tu ciudad, porque piensas que al no vivir sola o al estar en una ciudad “con una cultura distinta” (¿qué tan “distinta” o “mejor” es nuestra cultura, realmente?”) e incluso en una determinada clase social, obviamente, no te puede pasar a ti.

Hace poco tiempo, conocí una historia muy similar a esas terroríficas de los campus universitarios en Estados Unidos. Andrea, una chica de 21 años, que estudia en una universidad reconocida de Guayaquil, de clase alta, un día tenía dos fiestas o chupas. Una de ellas era con un grupo de amigos de la universidad y otra era de un grupo de amigos variados. Salió primero con sus amigos de siempre y después fue a su fiesta de la universidad, como a la 1:30am. Estaba borracha cuando llegó. Las personas ahí estaban tomando y la incentivaron a que siga tomando también. A partir de ese momento, ella no recuerda nada, solo tiene pequeños momentos de lucidez. Se acuerda de Francisco, uno de sus compañeros de carrera, con quien ella nunca había interactuado mucho, ni nunca le había interesado, encima de ella, violándola. En su historia, se percibe a ella misma como un muerto. En su relato dice que ella sentía que no se podía mover, ni hacer nada. Después de eso, lo siguiente que recuerda es estar manejando, como a las 8:00 am a su casa y estar a punto de chocarse.

Durante semanas, Andrea estuvo en depresión porque empezó a juzgarse a ella misma por este episodio, considerándose promiscua y echándose la culpa por lo que había vivido. Ni siquiera sabía bien qué había ocurrido y eso también la martirizaba, porque no sabía si Francisco había usado un preservativo o no, si es que debía tomar una pastilla para el día después o qué debía hacer. Como existe un tabú sobre estas pastillas, le dio miedo tomarla, así que solo decidió rezar porque le llegue la menstruación ese mes. Por suerte, sí sucedió.

Solo para aclarar a aquellas mentes prejuiciosas, que quizás la estén juzgando a ella, en vez de observar los actos despreciables de su compañero de clase, ella no es una persona que suele acostarse con varios hombres. Y si así fuera, ni siquiera se acercaría a ser una justificación para una violación. Seguramente, habrán otros que justificarán al hombre diciendo que cuando una mujer bebe en exceso, prácticamente se está ofreciendo. A esas personas, les recomiendo, reevaluar sus valores y buscar un psicológo que los ayude a evaluar por qué simpatizan con la violencia, agresión y violación. Además, les aseguro que cuando una mujer toma alcohol, no es una invitación a que la fuercen a tener sexo con ustedes.

La mayoría de individuos en la sociedad tiene una visión muy torcida sobre quién es el culpable en este tipo de delitos. Utilizaré el clásico cuento de La Caperucita Roja para explicarlo. Las personas suelen decir que la caperucita roja tuvo la culpa de que el lobo la coma, por no hacerle caso a su mamá e ir por el camino incorrecto. Usan eso de justificación de por qué el lobo la comió. En realidad, la única culpa es de este lobo humanizado, que engaña a la caperucita y se disfraza de su abuela, para comerla. Es exactamente el mismo caso que cuando las personas dicen que una mujer fue violada por su aspecto físico, cuando en realidad, la culpa es del violador. Lo mismo pasa con la caperucita, la única culpa es del lobo.

Muchas personas justifican violaciones, simplemente, porque el hombre estaba borracho. Aunque el alcohol es un factor persistente en varias de estas historias, no demuestra que éste cause agresiones sexuales. De hecho, un estudio de Wayne State University  indica que los hombres toman alcohol, consciente o inconscientemente, antes de cometer una agresión sexual, para justificar su comportamiento. La verdadera razón es que hay características de personalidad como poca empatía o impulsividad, producto de distintos motivos (pueden ser también abusos sexuales en la niñez o delincuencia).

Los roles de género establecidos forman parte de esta problemática porque motivan a los hombres a ser enérgicos y dominantes, a confundir un “no”, con un “convénceme”. Se espera que los hombres siempre estén interesados en el sexo, mientras que las mujeres aprenden que no deben mostrarse muy interesadas en actividades sexuales o van a ser consideradas “fáciles” o “promiscuas”. Se espera que las mujeres sienten un límite en las actividades sexuales y son acusadas culpables cuando los hombres se “sobrepasan”. Los hombres suelen interpretar los rechazos de las mujeres como un signo de que deben esforzarse más o un poco después, en vez de que deben rendirse. También, se espera que sean los hombres los que inicien las actividades sexuales y que sean las mujeres las que pongan los límites de hasta qué punto puedan llegar.

Muchas veces, las mujeres solo son amigables, no necesariamente están coqueteando. Cuando un hombre se siente atraído a una mujer, se siente obligado a tomar el primer paso, por los roles establecidos. Y comienza un sistema de indirectas, que empiezan siendo sutiles, en el que puede ser que la mujer solo continúe siendo amigable o que utilice otra indirecta para rechazarlo. El problema es que el sistema de indirectas no funciona. Ocurre muy frecuentemente que los hombres están borrachos y malinterpretan las indirectas, lo que en su cabeza, les da un free pass para una agresión sexual. Incluso a muchos hombres, si se les llega a ocurrir que ella los está incitando, podrían cometer la agresión sexual, estando sobrios. Y cuando se sienten amenazados, empiezan a tener una actitud violenta.

Algo muy preocupante es que muchos hombres y mujeres consideran que hay situaciones en que el sexo forzado es aceptable (ni siquiera debería existir la frase “sexo forzado”). Muchas personas piensan que es aceptable que un hombre presione a una mujer a tener sexo cuando ella lo besó, si han sido novios por un largo tiempo, o si, de alguna forma, se considera que ella lo incitó a él. Algunos, incluso piensan que es aceptable si los dos están ingiriendo alcohol. En el estudio de Wayne State University, el 17% de los hombres consideraron usar la fuerza como una estrategia aceptable para tener sexo, bajo ciertas circunstancias. Un tercio de los hombres encuestados, admitieron que podrían violar a una mujer si es que estuvieran seguros de que no los atraparán. Esto es preocupante, desagradable, perturbante y explica por qué las violaciones en citas o fiestas son tan comunes.

El sistema de indirectas entre hombres y mujeres causa más daño de lo que parece.

Mujeres, cada vez que se acoplan a estos estereotipos o roles que “debe” tener nuestro género, están fomentando una cultura de violencia, lo sepan o no. Cada vez que los defienden, están fomentando a que existan más hombres que pongan excusas basadas en violencia de género, pero aceptadas por ustedes y la sociedad. Si has vivido una historia similar y te juzgas a ti misma o te juzgaron al respecto, debes entender que realmente no tienes la culpa, sino que fuiste víctima de un problema social, de la equivocada idea de creer que las mujeres existen solo para satisfacer las necesidades sexuales de los hombres. Te recomiendo que cambies la forma en que percibes esa situación que viviste. Todas nuestras experiencias tienen una razón de ser y tú escoges cómo reaccionar ante ellas. Toma tus experiencias de vida y transfórmalas en una ofrenda al mundo. Piensa ahora qué puedes hacer con lo que has vivido, a quién puedes ayudar y por favor, evita que tu agresor siga teniendo más víctimas. No eres la primera mujer que ha vivido esto y seguramente, puedes ayudar a muchas con tu historia.

Andrea nunca más quiso hablar de esto y decidió ignorar esa experiencia de vida, por siempre. Es entendible, ya que si hubiera expuesto su historia, es muy probable que ella hubiese sido reprimida y no él. Incluso, si hubiese un juicio, no hubiera ganado porque, probablemente, el caso fuera atendido por un fiscal machista que evaluaría la situación y concluiría que todo fue culpa de ella. Una vez más, la historia de la caperucita roja se repite. Entonces, ¿cómo se espera que las mujeres no se queden calladas? Lo más triste es que es precisamente el silencio lo que evita el cambio, es el miedo de las mujeres de ser llamadas promiscuas y dañar su reputación. Es indignante que, en la mayoría de ocasiones, ellas mismas se consideran culpables: Si es que caperucita sigue creyendo que es por su culpa que suceden las agresiones, el lobo va a seguir atacando. Gran parte de la responsabilidad también la tienen las personas externas que observamos la situación y seguimos percibiendo a caperucita como la culpable. Si seguimos teniendo este pensamiento violento e ilógico, el cambio nunca llegará.

Según la ley, Francisco debe cumplir entre 19 y 22 años en prisión.

Ley del COIP

Artículo 171.- Violación.- Es violación el acceso carnal, con introducción total o parcial del miembro viril, por vía oral, anal o vaginal; o la introducción, por vía vaginal o anal, de objetos, dedos u órganos distintos al miembro viril, a una persona de cualquier sexo. Quien la comete, será sancionado con pena privativa de libertad de diecinueve a veintidós años en cualquiera de los siguientes casos: 1. Cuando la víctima se halle privada de la razón o del sentido, o cuando por enfermedad o por discapacidad no pudiera resistirse.

Si es que has vivido una historia similar a la de Andrea y quieres tomar cartas sobre el asunto, puedes hacerlo. Se quien rompa el espiral del silencio.

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1 Comment

  1. Vivimos en una sociedad enferma, donde la culpa de una violación es de la mujer que tentó al hombre, donde una violación es justificada, donde se celebra este acto entre “panas” para elevar la “hombría”. No entiendo como es posible que después de tantos años viviendo como sociedad estos actos sigan sucediendo impunemente. Pero cuidado, violar es callar cuando sabes sobre estos casos, violas la ética, la moral, y tu propia humanidad; violas el sistema basado en el respeto mutuo; violas indirectamente a todas las mujeres con tu silencio. Es momento de nunca dejar pasar estas acciones y que todos estemos conscientes que podemos hacer al respecto.

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