Esto es un pene y esto es una vagina

Texto por: María Belén Cedeño Blacio – @yosoykiwi

Hora de la lección. Todos tenemos el libro y de memoria recitamos lo aprendido al unísono: naces, creces, te reproduces y mueres. Naces, creces, te reproduces y mueres. Listo, sacaste la máxima nota.

En la clase de educación sexual (que no recuerdo haber tenido dentro de mi pensum académico) siempre los temas iban en este orden: pene, vagina, menstruación, eyaculación y, finalmente, fecundación. Con láminas que comprábamos en nuestro bazar de confianza aprendimos estos conceptos básicos, y fue así como, de manera no tan súbita, llegamos al colegio para continuar el recorrido.

Pero la conversación ha cambiado. Ahora nos hablan del escandaloso SIDA, las enfermedades venéreas y de cómo prevenir todas estas cosas con un condón que nunca nos enseñaron a usar o colocar, lo cual explica todos esos globos de puntitas lanzados por el techo del salón durante el colegio.

Y así, de un sopetón, estamos en la universidad; nos mudamos de la vida de un adolescente que va en el expreso y rinde cuentas en cada entrega de libretas, a la de un joven universitario, en la que sigues rindiendo cuentas, pero ya no eres sancionado por tu orientador si llegas tarde del recreo. Una vida de pequeñas libertades.

Es en este lugar donde tenemos otro tipo de aprendizaje, ya que todos hablan con naturalidad y “dominio del tema” sobre sus experiencias y encuentros sexuales entre iguales. Las clases de biología y las charlas de sexualidad ya no son obligatorias y cada vez parecen ser menos necesarias.

Nos queda un abismo entre la teoría que nos enseñó el libro con figuritas y la última experiencia sexual de nuestro amigo de la universidad.

¿Cómo llenamos esa grieta?

¿Acaso el resto lo aprendemos en el camino?

¿Cómo yo “lo hice”?

¿Padres?

Mis padres jamás hablaron del tema, nunca. Mi madre me hablaba de la menstruación y hasta ahí. Lo cual es curioso porque empleaban frases como: “No me traigas problemas”, que yo traducía como: “No vayas a venir embarazada”, aunque nunca mencionaron la palabra “embarazo”, porque hacerlo significaba que su hija era sexualmente activa y, al decirlo, lo harían real.

¡Amigos!

Muchas personas podrán decir que sus amigos, conocidos u otras personas de su edad fueron una fuente inagotable de información. En mi caso, nunca disfruté de hablar del tema con mis amigas, porque sentía que fanfarroneaban de sus “experiencias”. Para mí, el truco se basa en escuchar al más experimentado y aprender de sus aciertos y errores.

Internet/Revistas

No les miento. Leí la Cosmopolitan un par de veces, pero no creo que debería ser la primera fuente de información. Los títulos como “Estos hábitos podrían ser los causantes de que tengas bad sex /mal sexo” no despejarán mucha de tus dudas.

Escuela/Colegio/Universidad

Y en resumen, lo estudiado fue: “Esto es un pene y esto una vagina”, “usen condón” “abran los brazos y cierren las piernas”. Fin de la clase.

¿Alguna moraleja?

Al crecer creyendo que este tema se hablaba con personas contemporáneas y que es algo que se entiende con el tiempo y la experiencia, pude aprender, pero de una manera muy fragmentada, entre lecturas, películas y conversaciones con amigos y amigas “expertos en la materia”.

No debería ser así.

La sexualidad no solo se encierra en la actividad sexual y reproducción, también abarca sobre las identidades de género, la orientación sexual, salud sexual, el placer y la intimidad. Debemos empezar a cuestionarnos por qué no recibimos está educación en las instituciones y hogares; cuestionar lo aprendido, pedir información, demandar políticas públicas. Preguntarnos por qué no se nos brinda la oportunidad de vivir nuestra sexualidad de manera plena, placentera y saludable.

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1 Comment

  1. Preguntar por qué no se nos brinda está bien. Pero más interesante es preguntar por qué no comenzamos a brindarlas.

    En el país y la ciudad faltan muchas cosas, muchísimas y creo que el abismo se acortaría mucho si, más allá de pedir (parece ser el gran logro de conciencia de nuestra época), que está muy bien, nos volcáramos a buscar maneras de dar (que creo que debe ser un logro complementario al interior). La cancha está abierta.

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