Hay que ser “macho” para prostituirte con gays, siendo heterosexual.

Me pidió que no diga su nombre, de hecho, a muchos de sus clientes no les interesa saberlo. Su número está guardado en las agendas de sus contratantes bajo seudónimos, en los más discretos está como “mecánico” o “doctor”; en los demás, registrado con alguna referencia sexual. Para un mejor entendimiento de este texto, lo llamaremos “Roberto”.

Él lleva poco tiempo en el mundo de la prostitución homosexual, dos o tres meses según me afirmó. Lo conocí mediante un chat, no sexual, pero sí un chat social ecuatoriano, que inevitablemente como todo en internet, se vuelve una vitrina de sexo y política.

Los chats por internet, a mi parecer, son un reflejo muy interesante de la sociedad, eso me motivó a ingresar a uno para encontrar nuevas historias y terminé descubriendo un universo que desconocía. Lo primero que me llamó la atención, eran los nombres de los usuarios, que sin vergüenza y sin miedo, hacen saber sus gustos sexuales a la mayoría, gustos no solo heterosexuales y homosexuales, descubrí personas interesadas en la pedofilia, en el incesto y en algunos fetiches referentes a la escatología. Me sorprendió la libertad y la dignidad con la que estas personas divulgan sus más grandes secretos, obviamente siempre manteniendo el anonimato, pero aun así siendo aceptados por los diversos acompañantes de la sala virtual.

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A los pocos minutos de ingresar, aprendí mi primera lección sobre los chats: Nadie juzga. A diferencia de la vida real, en donde ni siquiera la homosexualidad ha sido aceptada por completo, en los chats conviven heterosexuales, homosexuales, transexuales y personas que ni siquiera están buscando sexo, solo alguien con quien conversar, como fue en mi caso. Sin pensar que podría sonar de alguna forma sexual mi usuario era: Cuéntame algo. Hubo personas que me escribieron a contarme tantas anécdotas, que no puedo asegurar si son reales o no. Entre las historias destacadas estaban la de un hombre que se había iniciado sexualmente con su primo a los 12 años y la de Roberto. El primer caso me cerró la ventana cuando le dije que quería publicar su historia y Roberto aceptó contarme sobre su trabajo a cambio de lo que costaría una hora con él: 20 dólares.

Lo primero que noté al hablar con Roberto, es que no disfruta en lo absoluto el trabajo de prostitución. Sé por investigaciones previas, que existen prostitutas y prostitutos que sí están felices con ese estilo de vida, pero no era el caso de Roberto, de hecho me comentó que sufría mucho al momento en que alguien lo contrataba, ya que se considera “bien machito” y le cuesta acostarse con hombres.

“Ciertas veces, tengo que cerrar los ojos, dejar que me toquen para poder estar duro y así hacerlo. Debo pensar en todo momento que estoy con una man, sino simplemente no puedo”.

Pero, ¿qué motivó a Roberto a dedicarse a la prostitución masculina si no la disfruta? Las razones son su cuerpo musculoso y los 20cm de pene que asegura tener. Me comentó que conseguir clientes mujeres es muy difícil y que los homosexuales pasivos están muy dispuestos e interesados en sus servicios. Él cobra 20 dólares por ser activo, es decir la persona que penetra. Cobra esto porque en el poco tiempo que lleva en el trabajo, se dio cuenta que el grupo interesado en acostarse con él, no está dispuesto a pagar más.

“Yo trabajo en una fábrica, gano lo justo pero no me alcanza para todo. Tengo una familia que mantener y necesito poder brindarles un poco más”.

Roberto, al igual que todos nosotros, somos parte de una sociedad machista que causa problemas de género tanto a mujeres como a hombres. Lo llamativo de los problemas de género masculinos, son lo poco que son discutidos y puestos verdaderamente como una problemática grave para la sociedad. El real trasfondo de la prostitución masculina, en el caso de Roberto, se debe a la idea de que él tiene que, a toda costa, mantener a su familia. Su esposa no trabaja y él tampoco quisiera que lo haga, porque se considera como el pilar económico de su hogar.

Roberto no es la primera persona que cree que el hombre debe encargarse de “llevar el pan” a su casa, de hecho, desde pequeños a todos nos inculcan un modo de vida que el género masculino debe seguir. En los libros de educación primaria nos enseñaron que el hombre trabaja y la mujer se queda en la casa. Les enseñaron a las mujeres a creer que su verdadero trabajo es el de ser madres y que no hay mérito más grande que eso. Existe discriminación de género femenino, existe discriminación del género masculino y pesan por igual.

Los mayores problemas de género masculino en nuestro país son los siguientes:

  • El 80% de personas sin hogar son hombres.
  • Los hombres deben ser el sustento económico de la casa.
  • Luego de un divorcio, si hay hijos de por medio, éstos, en su mayoría, quedan a cargo de las mujeres, así como también juega a favor de ellas la vivienda, ingresos y futuras pensiones
  • Prejuicios por motivos de orientación sexual.
  • No tienen el mismo acceso a la planificación familiar que tienen las mujeres.
  • Cuando son maltratados por sus parejas, no consiguen el mismo trato y beneficio que cuando una mujer denuncia.
  • El acoso sexual en el trabajo es una realidad que, cuando se comenta o expone, solamente merece descrédito.
  • En el 2012 la tasa de suicidio en Ecuador, respecto al año 2000, aumentó un      3,4  %. En la división por sexo, la tasa de suicidios femeninos disminuyó un 8 %, mientras subieron un 9 % los suicidios masculinos.
  • La cantidad de reos hombres solo en las cárceles de Quito y Guayaquil es de 4445, mientras que mujeres es de 407. Los delitos asociados hacia los hombres son delitos hacia la propiedad 37%, venta de estupefacientes 28%, y hacia la persona 17%. La clase social predominante en las cárceles, es la clase social: media baja – baja.

Usualmente, el hombre que sufre de discriminación siente soledad, culpa, baja autoestima y un gran temor a la toma de decisiones. El maltrato al que muchos hombres pueden estar sometidos, puede ser tanto físico como emocional. Este último suele ser el más común. La persona que ejerce esta presión contra el hombre no siempre es la misma, por ello que puede encontrarse que el origen de la problemática viene de distintos agentes, por ejemplo la madre, esposa, compañera de trabajo, etc.

Al igual que Roberto, no todos se dan cuenta en el sistema en que se hayan oprimidos, solo piensan que así debe ser el orden correcto de las cosas, no ven más allá o no cuestionan lo preestablecido por generaciones pasadas. Y para quienes piensan que este es un problema de hombres y que le compete solo a los hombres resolverlos, el Ecuador tiene 8’087.914 mujeres, lo que representa el 50,5% de la población del país, según las proyecciones poblacionales. Es decir, si todas las mujeres del país decidieran luchar en contra del machismo, la historia sería diferente para ambos sexos. Lo que nos demuestra que existen hombres y mujeres machistas.

No estoy bajo ninguna forma insinuando que la lucha debe venir solo de las mujeres o solo de los hombres, sino que es momento de reconocer las problemáticas de géneros que existen en el país y hacer algo al respecto. Si esto no ocurre, seguiremos escuchando casos como el de Roberto, a quien su machismo le permite acostarse con un sexo que no le atrae, pero no que su esposa trabaje. Esos son los sacrificios dispuestos de un hombre a hacer por ser “macho”.

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