Lo que sentí al ver a Rush, mi banda favorita, en vivo.

Texto y fotos por Martín Córdova.

El 29 de junio de este año tuve el honor de ver a una de mis bandas favoritas, Rush, en el Madison Square Garden en New York. Es una experiencia con la que la mayoría sueña pero que pocos tienen la suerte de cumplir. En realidad, está cargada de emociones, pensamientos y cosas que uno no imagina, es algo genial. Seguro, tengo algunas bandas que considero mis ‘favoritas’ pero lo que pasa con Rush es que también es la banda favorita de mi papá, quien me la enseñó y con quien pude compartir el concierto (lo que, incrementó, más aún, su valor emocional). Rush es lo que siempre ha puesto mi papá, desde que yo era muy pequeño, tal vez 10 u 11 años. No era lo único, me enseñó bastante música, pero siempre, siempre recalcaba cómo Rush era la mejor banda del mundo.

La primera canción de la que recuerdo que me enseñó, obviamente, fue Tom Sawyer, y así poco a poco fui adquiriendo el gusto. Eventualmente, me crucé con 2112, el mejor disco de rock progresivo que ha parido la historia. Después de este disco, mi interés por la banda creció bastante y empecé a meterme de lleno, casi cronológicamente en su discografía, por la que fui recogiendo una gran cantidad de albums que amo. Rush fue mi entrada al rock progresivo y a un nivel superior de música. Gracias por la enseñanza, viejo querido.

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Fuimos con dos horas de anticipación al Madison, que quedaba a unos 5 minutos, a pie, de nuestro hotel. Entramos sin problemas y paramos a comprar algo de merch, un par de camisetas y una gorra de la gira para el recuerdo. Entramos al venue, en sí, teníamos asientos muy adelante, en la sección B, fue todo un lujo. Mientras esperábamos podíamos ver a más padres con sus hijos, a gente de diferentes lugares del mundo, a veteranos emocionados, todos, pero no miento, todos con una camiseta de la banda de giras pasadas.

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El show empezó solo 15 minutos pasada la hora que indicaba la entrada, arrancó con un video animado sobre la historia de Rush a través de los años, sus discos, giras, etc. Fue una excelente manera de crear emoción. Hasta que salió la banda, la primera canción fue The Anarchist, de Clockwork Angels. Fue muy difícil no ver el setlist de un concierto de tal importancia, hice lo que pude, pero terminé ojeando un poco los anteriores, por encima, para hacerme una idea. Tenía conocimiento de cómo se dividiría el show y cosas así, mas no el orden específico de las canciones. Seguía el show, yo no podía creer lo que estaba presenciando. Que sea tu banda favorita NO implica que debas conocer todas las letras, de todas las canciones, en especial con una discografía tan larga como la de Rush. También al ser de tus bandas favoritas, te sabes una gran mayoría de memoria, sabes cuando viene un solo, sabes cuando viene un remate o algún cambio drástico. Poder predecir esto y ver qué pasa, es un sentimiento que te llena, pero de verdad, sientes que algo adentro tuyo se completa.

Durante la primera mitad del show, revivieron algunas canciones muy viejas, que habían tocado pocas veces pero que ellos consideraban válidas. Me invadía un tipo de frustración de no poder cantarlas todas, sin embargo, seguía fascinado por lo que veía. Cada canción que no me sabía me gustaba más porque era la primera vez que la escuchaba realmente, y encima en vivo. La última canción antes de el break fue Subdivisions, que es de los hits más grandes. Ver una canción así de magistral en vivo, simplemente te completa, nunca había estado tan emocionado de escuchar unas notas ser tocadas.

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La segunda parte del show fue lo mejor. Lo abrieron con Tom Sawyer, que fue cuando solté un par de lágrimas (sí, sí se puede llorar) mientras cantaba cada palabra. Esta segunda parte fue mucho más instrumental, incluyó el clásico solo de batería de Neil Peart, una de las cosas más geniales que se puede ver en la vida. Si Buddy Rich tocaba bien, Neil toca mejor. Siguieron con éxitos como Red Barchetta, Xanadu, etc. Hasta que llegó lo mejor, 2112. Durante todo este hermoso momento, estuve en otro lado, no quiero decir que estaba en un estado mental superior o algo así, pero salí de mi por un momento. Ver a tu banda favorita, interpretar lo mejor de tu disco favorito, solo se compara con darle un abrazo a Dios. Uno espera que sea como cualquier show pero con algo más de hype, no lo es. Es eso, a la octava. Te pierdes en lo que está sucediendo, mientras sabes exactamente qué está pasando, es muy raro. La vibra transmitida por la gente también ayuda. Todas las personas a tu alrededor están igual de emocionadas que tú y eso lo hace mejor, hay una alegría única.

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Así nos fuimos al encore, donde cuatro canciones más nos hicieron cantar lo último de un show de 3 horas que nos dejó a todos más que satisfechos. Lo único reprochable es el hecho de que con una discografía tan larga, a veces tu canción favorita no es una que toquen siempre. Fue mi caso, no tocaron The Analog Kid. Y se terminó. Working Man, fue lo último que escuchamos. Fue una de las experiencias más gratificantes y esperadas de mi vida. Fue realmente hermoso. Solo me queda recomendar: ahorren, organicen, y si tienen una banda favorita, vayan a verla.

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