Escuché a Los Detectives Helados y me aventuré a escribir una reseña sobre su álbum.

Texto por Fiorella Carvajal.

Dejando cualquier pizca de pretensión fuera, puesto que no soy eminencia de ninguna forma en el ámbito musical, me aventuro a escribir, por primera vez, una reseña sobre un álbum. Partiendo de mi experiencia como oyente y music enthusiast, para este primer ejercicio tomo de la mano a Los Detectives Helados, agrupación ecuatoriana de indie pop que a principios de este año presentó un disco homónimo, bajo el sello Cvra Lvdorvm.

De una breve investigación aprendí que su nombre proviene de un poema del escritor chileno, Roberto Bolaño. Voy a ‘desprestigiarme’ en este punto, aceptando que no estoy familiarizada con sus poemas, pero, quizás, esto juega a favor si consideramos que queda el permiso de disfrutar las canciones sin jugar a buscar y entender referencias literarias.

Escucho el disco completo varias veces. La primera, la más superficial, me dejó un buen sabor. Después de un par de horas regresé  por un segundo round, con mucho más ánimo y curiosidad. Poco a poco voy aprendiendo cómo funciona el disco y el nombre de mis canciones favoritas. Siempre en orden, de principio a fin, como si fuese pecado optar por el modo aleatorio. Está bien así.

Son nueve temas que desfilan entre dulces melodías pop con tintes románticos, viajando a zonas más oscuras y agresivas. Espacio Sideral, por ejemplo, es una canción tersa y apacible que se ajusta perfectamente a esos momentos de autocondescendencia humana, tan comunes en los adolescentes. Cesárea Tinajero es otro tema sobre dificultades existenciales, envuelto en una capa de ritmo buena onda y relajado. Como intentando contarte un problema con una sonrisa muy honesta en el rostro.

En En El Camino encontramos a un invitado sobresaliente de la escena local, Ricardo Pita. Se está obligado a reconocer su participación en el track, a la vez que es un detalle armónico escuchar su voz. Aquí encontramos, como en la mayorìa de las letras, un mensaje clave de disconformidad existencial.

Para mí, solo hay una pieza que descuadra el mood general del álbum y esta es Cada vez que mientes. Entiendo que es la temática de la canción y el feeling medio rockero pretencioso que maneja, lo que me provoca presionar skip cuando empieza. Creo que no calza, que no se siente honesta o con ganas de llevarse bien con las demás.

La segunda mitad del disco exhala una esencia de madurez. Esas otras canciones con más cuerpo y alma son las que prometo no olvidar. Particularmente Saturno, sideral y de ensueño, que va aumentando poco a poco su energía, pero sin soltar una especie de sombra vigilante inofensiva, que se mueve contigo de principio a fin. La Puerta Oscura es el último track en el playlist. Una despedida coqueta, con actitud y, al mismo tiempo, una interrogante ligada al deseo de escapar.

Aunque por un lado, escapar de detectives es cosa seria, es mejor que no huyas de la oportunidad de escuchar el disco de Los Detectives Helados. Como no tenía la intención de hacer análisis individual de cada canción ni de dar puntajes evaluativos, les dejo mi experiencia para que la lean y la comparen con la suya.

Mi conclusión general es que el álbum Los Detectives Helados es una carta de presentación fresca, saludable y con muy buen aliento. Supongo que después de una semana a la merced de su disco en Spotify, el siguiente paso es verlos en vivo.

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