La revolución femenina se quedó guardada en un cajón.

Texto por: Olivia Lundh

Un domingo a las 4:26 de la tarde, cuando lo único que tienes que hacer es: quejarte de que mañana es lunes y tuitear sobre la dieta que religiosamente vas a empezar. De esos domingos en que sigues con la misma ropa con la que te levantaste y tu almuerzo resultó ser tu desayuno, en los que lo más fácil es prender tu laptop y no saber el momento exacto en que sucedió, pero de repente, tienes unas 7 ventanas abiertas y las redes sociales se apoderaron de ti.

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En uno de esos días, me puse a pensar si la revolución femenina se había quedado guardada en un cajón. Así que comencé a investigar en internet, y encontré que durante el siglo XIX la mujer no era considerada una persona; sino una cosa. La mujer era un objeto diseñado para cumplir las funciones de ama de casa y fiel esposa, lo más grave que le podía pasar en su día era no encontrar harina en el supermercado y regresar a la casa con las manos vacías, sin poder prepararle la torta que tanto le gusta a su esposo. Solo se le permitía estudiar hasta el último año de primaria, su meta principal no era “ser alguien en la vida” era “conseguir a alguien”, o como comúnmente le dicen ahora “hacerse de marido”.

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Todos sabemos lo que sigue después, la mujer empezó por exigir su derecho al momento de sufragar y poco a poco fue escalando para conocer el mundo real y dejar atrás la cocina. Pero aún así, en la actualidad veo a mujeres que pudiendo estudiar un postgrado, masterado e incluso un doctorado, prefieren disfrutar de quejarse sobre su infelicidad mientras ven la novela de la tarde y retan a la empleada porque puso el salero del lado equivocado de la mesa. Disfrutan saber que su esposo no está en una reunión de negocios a las 10:30 de la noche, sino que está reunido con su octava amante. Y utilizo el verbo disfrutar porque no concibo entender, cómo alguien puede no hacer absolutamente nada al respecto, teniendo a sus pies todos los implementos para cambiar su vida.

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Y en ese preciso momento en que me hacía ese interrogante, hice click en la página de una blogger que aclaró mi duda. Ella básicamente dividía a las mujeres en dos tipos: las mejores y las peores putas.

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Mujeres que son entrenadas desde niñas a no ser independientes y a la idea de que el logro más grande podrían tener sería casarse con un hombre que venga de una familia con dinero: porque aunque su esposo no sirva para nada, lo importante es que las mantenga y las preñe para así asegurarse de no trabajar nunca. Casi todas no saben cocinar y tienen una empleada doméstica. Mujeres que buscan a sus hijos a la escuela conduciendo carros de marcas europeas, mientras visten con ropa de gimnasio, aunque no hagan ejercicios. Hacen préstamos para que sus hijas desfilen en el Caparra Country Club, pero no le dan un centavo, ni le dedican tiempo a alguna organización filantrópica. Para ellas, Versailles es un restaurante cubano, no el palacio de María Antonieta. Mujeres que viajan a conciertos a Miami, van de shopping a NYC, esquían en Colorado pero jamás viajan para aprender cultura o algo del mundo. Mujeres que manipulan al hombre con sexo para que les aumenten el cupo en las tarjetas de crédito. Mujeres que aguantan cuernos porque es más importante la vida de apariencia, a vivir pobres.

¿Por qué éstas son las peores putas? Porque estas mujeres no se merecen lo que los hombres les dan. La diferencia entre estas mujeres y un mantenido por el gobierno es el tamaño de sus casas. No aportan nada a la sociedad y lo peor de todo es que tampoco quieren hacerlo.

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A diferencia de las mujeres que se acuestan con los hombres porque quieren, porque aman a su pareja sin querer nada de vuelta, excepto respeto e igualdad. Esas mujeres que son independientes y no necesitan de un hombre, tienen uno porque las complementan. Ellas se acuestan con un hombre porque quieren y no para que las mantenga. Las que se quieren a ellas mismas, más de lo que jamás amarán a un hombre son mujeres que aman con la razón, no por conveniencia. Si el esposo les pega cuernos, lo dejan. Y esa es la clave, las mejores putas son aquellas que sus parejas saben que ellas no van a estar ahí siempre, si su comportamiento no es aceptable, si no son buenos esposos, buenos padres, buenos proveedores, se quedan solos. Digo proveedores, porque a ellas no las mantiene nadie, pero tampoco mantienen a nadie. Si están en la casa ejerciendo su rol de madre es porque lo desean, no porque las obligan. Son las mujeres que hacen trabajar a los hombres por lo que ellos quieren. Son las mujeres que usan la manipulación a beneficio de él o de los dos, nunca a beneficio de ellas solas.

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Creo que los hombres nunca llamarían puta a esta clase de mujeres, las cuales no eligen ser un parásito en la vida, ni conseguir a alguien, sino SER ALGUIEN por méritos propios. Es verdad que aún en el año 2015 sigue existiendo prejuicios y machismo, pero gracias a eso es más divertido el camino, porque la carretera asfaltada aburre y la pendiente con piedras te enseña.

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