Para quejarte no necesitas de un ticket, es gratis.

Texto por Olivia Lundh

nacer

“El mundo está jodido”, serán nuestras primeras palabras. Al momento de emitir el primer grito en la sala de parto de un hospital, después de 9 largos meses, o en algunos casos unos meses antes, tenemos la idea de abandonar una cómoda y amoblada suite privada ubicada en el vientre de nuestra madre, para venir al mundo. Y sin darle la oportunidad a este mundo de conocerlo, nos vamos a quejar de él hasta el último de nuestros días. Nuestra primera gran idea, nuestra primera gran cagada.

todomepasa

Conforme vas creciendo, te das cuenta que tu desayuno se basa en titulares como “Padre borracho abusa sexualmente de su hija recién nacida”, “Antisociales raptan colegialas para venta de órganos” y “20 puntos de sutura en mano por resistir asalto en Guayaquil”. Dejando a un lado la crónica roja, ahondemos un poco en la política ya que nos transmite la misma clase de negatividad. “Incertidumbre por el aumento de hasta el 45% en los aranceles” o “Jubilados marchan para pedir se restituya el 40% a las pensiones jubilares”. Tiene un razonamiento un tanto lógico que al tener este tipo de noticias como nuestro pan de cada día, sin darnos cuenta se nuble de a poco nuestro optimismo, transformándonos en personas con PHD en la carrera del “pesimismo”.

tristeza

En virtud de lo anterior, es factible que nuestra sociedad se queje constantemente. Nos quejamos de los mendigos, violaciones, asaltos, asesinatos, guerras, enfermedades, muertes, destrucciones, hambre, suciedad, pobreza, tortura, corrupción, etc. Nos quejamos del declive económico de nuestro país, pero no sabemos ni administrar nuestros ingresos. Nos quejamos de las inundaciones en las calles en época de lluvia, a causa de las alcantarillas tapadas, pero no nos importa usar la ciudad como basurero general. Nos quejamos de que los jeans ya no nos quedan, cuando nuestra dieta se basa en frituras y dulces. Situaciones como las anteriores, en las que la incoherencia predomina, son las que me producen el siguiente interrogante: Si vivimos para quejarnos… cuando nos vayamos de este mundo, ¿podremos ser al fin felices?

violin

Lo que no es aceptable es que nuestra sociedad, además de quejarse, se comporte como un infante con un carácter problemático, berrinchudo y quisquilloso, porque con esa clase de actitud de alguien de 4 años, lamentablemente no vamos a solucionar nada, sino todo lo contrario. No trato de venderles el discurso de “Pasos para ser la siguiente Madre Teresa de Calcuta”, en lugar de eso trato de decirles que si seguimos viviendo de la forma en la que estamos viviendo, nuestras últimas palabras serán: “El mundo no es el jodido, las personas que lo habitan, son las que lo joden”.

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Categorías:Columna

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