Nos quieren vender la ayuda social como un producto.

Texto por Francisco López

“Buenas tardes damitas y caballeros, mi intención aquí no es venirles a incomodar ni tampoco clavarles un puñal en la yugular. Mi intención aquí es solo ofrecerle un nuevo producto que ha salido a la venta”. En esta nueva era, que se sigue construyendo,  hay más gente que te quiere vender algo -en cualquier plataforma o medio posible- que la que se dedica al sicariato. A este punto no se cuál de las dos es peor. Lo más impresionante es que ésto ha trascendido el “producto” o “servicio” sino que venden incluso estilos de vida, pensamientos en particular y dogmas.  Por eso en este momento pienso regalar (no vender, gracias capitán obvio) mi desarticulada, pero en momentos acertada, concepción de estos mercantiles ambulantes, y me quiero enfocar en una imagen muy comercializada que me apasiona mucho: el servicio.

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Cuando hablamos de servicio siempre vienen dos imágenes clave a nuestra cabeza:

  1. El trono máximo de las posaderas rebeldes, el generador de ideas y acogedor de desechos humanos.
  2. Alguna entidad o grupo religioso de gente que “le gusta ayudar”.

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Si me dieran $1 por cada movimiento religioso, agrupación o grupo activista que aparece día a día, tendría el dinero suficiente para resolver los problemas de todos y cada uno de ellos. Pero ésta no es la idea, está bien y apoyo el hecho de que se creen diversidad de opciones para contribuir a esta sociedad. Muy personalmente, puedo decir cómo mis compañeros y yo éramos discriminados entre nuestros círculos sociales por ir a acompañar personas en ancianatos un fin de semana, claramente éramos unos degenerados. El problema es cuando estos grupos ni siquiera entienden qué, cómo y por qué hacen lo que hacen. Hemos creado una sociedad de activistas histéricos motivados por un discurso hegemónico de un altruismo que nos repetimos, muy fervientemente, que poseemos. Sin tirar mucha lámpara de todas estas palabras que acabo de sacar del diccionario y dejando a un lado la falsa modestia que proyecté al escribir esa última frase; hemos creado una sociedad en donde el “compartir” en Facebook, el “repost” en Instagram y el “retweet” en Twitter tienen el mismo peso de las obras que mucha gente realiza fuera de su vida cotidiana.

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Lo que más llama mi atención es el vacío, este vacío es hermoso cuando hablamos de la carencia de problemáticas internas y exceso de mente en nimiedades, pero lamentablemente me he encontrado con otro tipo de vacío: la carencia de motor propio. Poniendo el ejemplo de los grupos religiosos, éstos son grupos de fieles que se reúne a poner su fe en obras, como promulgaban muchos profetas (indiferentemente de la religión porque todas se relacionan con el servicio). El problema radica en la misión de “evangelizar” de estos individuos, vendiendo la idea de que el servicio es únicamente un acto por y para la fe, que la gente que no sirve a sus hermanos va por el famoso y trillado “mal camino” y se tiende a desprestigiar a la gente que carece de esta actitud. Venden un sentimiento de vacío que se puede llenar únicamente con sus moldes pre-fabricados de su ser humano ideal y entre más atributos ellos compartan con esta idealización, más se encierran en círculos  concéntricos y separatistas dibujados de su propio ego espiritual.

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Siempre es divertido atacar a los ámbitos religiosos, incluso está de moda, por eso voy a pasar a desmenuzar al grupo que jura que es completamente opuesto: los activistas freelancers, los ecuménicos por todo menos por convicción.  Esta categoría va desde los retweetteros empedernidos amantes de los animales hasta los que salvan por clics a comunidades casi extintas de África, mientras que en el suburbio de su ciudad hay gente muriéndose de hambre. Esta gente es aún más ingenua porque cree que ayudar es algo cotidiano que se hace porque sí y porque da likes. Todos ellos venden los unos a los otros que la difusión es la nueva filantropía, que ya no hay que hacer sino dar a conocer. Se ha vuelto una cultura de simplemente pasar el mensaje hasta que alguien se digne a hacer algo al respecto. Movidos únicamente por las últimas tendencias, estos mercantiles del activismo no tienen idea de lo que cuesta hacer la ropa que tienen pero sin embargo se atarían a un árbol sin pensarlo dos veces para demostrar que son parte de la nueva era del cambio y la tolerancia.

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Todo lo que acabo de comentar está inundado de generalizaciones, parecerían falsas pero si bien hay excepciones también hay practicantes de lo que afirmo. Lo bueno es que ambos grupos hacen mucho bien desde su modo de proceder y el mundo y Superman les agradece el esfuerzo que hacen por los demás, pero como dije, a diferencia de ellos yo vengo a regalar una idea. Entendamos un poco ¿Qué es el servicio? y ¿Por qué servir?, ambas preguntas tienen respuestas tan simples que necesitamos que sean complejas para aceptarlas. La primera respuesta es: Servir no es una acción. Si fuésemos un poco más conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor nos daríamos cuenta de que todo lo que nos rodea es un servicio, fijémonos en cómo cada organismo en la naturaleza es concebido para realizar una misión en específica, nada está puesto al azar, ni siquiera en nuestro propio cuerpo. Vemos abejas sirviendo a las flores mientras a su vez las usan para su propio beneficio, como el río no es solo fuente de vida para todos, sino que también alberga alimento para muchos, como las montañas no solo sirven de paisajismo sino que nos protegen de terremotos que pudiesen ser más catastróficos. Basta con situarse en cualquier lugar para ver cómo el universo se sirve de todo y de todos para subsistir, si tan solo fuésemos conscientes de esto probablemente pudiéramos seguir su ejemplo, en lugar de chapotear en nuestra manera de “servir”. Quizás pudiéramos comprender que incluso un ser humano “despreciable” como un ladrón o un asesino realizan servicio, empezando por el hecho de que pudiste haber nacido tú como ese asesino o ladrón, pero en lugar de ti, esa persona nació en ese contexto determinado. Tal vez la próxima vez que te topes con estas situaciones puedas agradecerle a ese ladrón o asesino ya que es él quien perpetúa la acción y no tú; agradécele por haber nacido.

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La segunda pregunta se responde de manera automática: Servir no es algo que se controla como el respirar, es algo que simplemente llevamos dentro y no nos damos cuenta cuando está pasando.

No hay como escapar del servicio, si a este punto alguien cree que no está realizando un servicio al mundo es porque simplemente ha dejado de respirar. Lo que hacen los mercantiles es obviar estos dos conceptos fundamentales y enfocan toda la energía en la acción, sin darse cuenta que primero viene la consciencia. El momento en que uno puede observar ambos puntos con claridad, puede enfocarse en cómo ayudar a este mundo, porque no a todos les calza el mismo guante. No hay por qué chantárselo, ni tampoco hay que desesperarse ni desanimarse si uno no “ayuda”, el servicio está sucediendo en nosotros pero en el momento en que nos demos cuenta, surgirá automáticamente el amor por todo lo que existe. Y éste es, en todos los casos, el servicio más grande que existe hasta ahora.

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