El Monoteísmo y otras parodias de la realidad.

Texto por: Francisco López

Comenzaré este texto advirtiendo que éste no se trata de una crítica a alguna doctrina religiosa en particular -es a todas en general-, ni tampoco es un manifiesto mío en donde explayo, muy post-modernamente, un ateísmo como si fuera un par de zapatos nuevos en la calle. Ésto es solo un muy irónico y satírico detonante de todo aquello que podrías guardar internamente. Puede ser que a algunos, este texto les muestre la intolerancia y discriminación que habita dentro de ustedes, muy reprimida y no aceptada por su fe. Y para otros puede que les muestre el fanatismo reprimido al sentirse identificados por una postura contradictoria. También, habrá gente que no les produzca ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario. A todos ustedes les deseo una linda experiencia leyendo esto.

Trataré de explicar mi concepción de Dios con la siguiente pregunta: ¿No les parece hermoso cómo puedes existir de formas tan variadas en las cabezas de personas que ni han tenido contacto contigo? Es como tener una cita a ciegas: te describen a la persona, creas un molde en tu cabeza y cuando te das cuenta ese espejismo es apaleado por una realidad indiscutible. Me atrevo a decir que Dios es la imagen que tiene más reproducciones que la caída de Edgar y que los videos de Miley Cyrus (cuando ésta se empezó a poner polémica). Dios, a lo largo de la historia ha sido la reproducción en masa más discrepante de todo el universo. No intento que todos nos pongamos de acuerdo sobre una misma idea de nuestro creador, no quiero abogar por un concepto que nos haga caminar separados.

Creo que ya podemos ir a la papita del caldo, a la mamá de los pollitos: Dios. Para nosotros los Occidentales -por limitar un poco el terreno- el concepto de Dios es como mirar por un caleidoscopio donde solo está la bolita del centro. Solo vemos una luz única e inigualable. Otras culturas, tienen el caleidoscopio original, a nosotros nos han empeñado uno marca gato. Vivimos en una cultura que muestra a Dios en una figura única e inigualable, y al momento de presentársenos una deidad diferente (ni siquiera nos obligan a creer en ella) generamos un rechazo comparable a que, si un busetero nos hubiese insultado a la madre.

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Dios, para mí es un excelente gerente de marketing, imitado de manera casi perfecta por la Coca Cola Bottling Company. Sigan conmigo esta analogía: Esta empresa sale con su primer producto: Coca Cola. Luego se da cuenta que no a todo el mundo le agrada la Coca Cola, entonces como toda buena empresa empeñada en satisfacer a sus clientes y llenarse los bolsillos, crea otras variedades de gaseosas para que nadie se quede sin disfrutar de estas bebidas.

Así es Dios, solo que él no usa terno -supongo porque las túnicas blancas son más cómodas y no las decolora el detergente- y no le interesa llenarse los bolsillos porque bueno, aceptémoslo, para costearse la omnipresencia hay que tener mucho dinero para las rentas. Dios sabe que somos todos diferentes y sabe que no a todos les gusta la Coca Cola. Como su negocio es la felicidad, decidió crear una gama de opciones para que no entremos en conflicto, incluso creó una versión “Zero” de sí mismo consumida por los ateos porque ¡Hey! al tipo le gusta complacernos.

Siguiendo con su modelo de negocios, como todo buen líder, solo cierra los negocios cuando es meramente necesario, sino manda a un delegado, que en este caso han sido el sin número de Avatares a lo largo de la historia que nos han mostrado “EL” camino. Digo “EL” camino, porque considero que todas las doctrinas nos llevan a lo mismo. Tanto Budha como Jesús (personajes que históricamente existieron) en su vida, nos hablaron de un método para el conocimiento interno, la paz, el amor y la comunión con todo lo que existe, o sea Dios. Para mucha gente, el concepto de Dios no radica en un creador distante que nos observa y nos juzga con una balanza de oro. Eso se lo podemos dejar a las telenovelas mexicanas.

Si revisamos las palabras de estos Avatares (manifestaciones de energía divina) podemos interpretar a Dios como todo lo que existe: somos todos, somos el presente y todo aquello que lo conforma en espacio y tiempo. Pero lo que nosotros hicimos fue que, esperamos a que ambos murieran y se jodió la Francia. Quisimos -bajo nuestros propios estándares- que el mundo se ponga de acuerdo con nuestras propias comodidades y esa pelea no ha cesado hasta hoy. Pudimos haber invertido ese tiempo en casas flotantes o revivir a Sinatra.

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El tiempo pasó y ahora Dios se ha vuelto un negocio piramidal para nosotros, ya lo venden empaquetado y en una serie de combos, en lugar de nosotros buscar nuestro propio camino y relación con él y hacia él. Se nos hace más fácil comprar una experiencia de una persona o un grupo de personas (que no necesariamente va a funcionar para todos), simplemente porque sí. Escogemos caminos y promulgamos que ése es el correcto, siendo que no hay caminos correctos o incorrectos cuando se habla de Dios, la vida en sí es el camino.

Todos hemos sido adoctrinados por la frase “es que hijo, quiero que vayas por el buen camino, cuando crezcas podrás escoger el camino que quieras”. Lo que no sabíamos es que para el momento en que crecemos, no podremos escoger un camino porque nuestros condicionamientos habrán opacado a nuestra libertad. Ésta habrá sido pisoteada por gente que intenta inculcar modelos a seguir en todos, reprimiendo la verdadera esencia única e irrepetible de cada persona. Existen personas que invierten más tiempo en que otra gente reprima sus sentimientos y actitudes que el que deberían invertir en la aceptación personal de cada uno. Es como volver a ser niño, tú juegas con tu amigo y todo está bien hasta que a tu mamá se le ocurre que ese niño es malcriado y va a destrozar tu vida.

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Luego de pasar un mes con una cultura politeísta, uno llega a comprender lo limitado que puede llegar a ser el concepto de Dios y lo ilimitada que puede llegar a ser una experiencia con Dios. Siempre es necesario un camino primerizo para echar las riendas,      pero cuando ese camino no deja espacio a la experiencia, la aceptación y la curiosidad, se vuelve un camino impersonal, turbio y triste. Todo concepto debe caer al final del día cuando uno encuentra su propio camino a esa inteligencia superior, a ese gran misterio, a ese momento presente; a ese Dios. Podemos darnos cuenta de esto al reflexionar sobre la vida de grandes maestros de la espiritualidad como Budha o San Ignacio de Loyola.

Me divierte la frase “monoteísmo” porque solo existe en la mente, en las doctrinas y los humanos. Pienso que, para Jesús, él es Budha y Krishna al mismo tiempo y vice versa. El monoteísmo es una parodia porque trata de encerrar un concepto en un solo envase, incluso es tan parodia como el politeísmo. La diferencia entre éstos es que el politeísmo está más cerca del respeto, la aceptación y el amor que su parodia hermana.

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Categorías:Columna

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