¿Quién es Ecuador?

El deseo del cine ecuatoriano.

 ¿Por qué le pusieron ese nombre? – Le pregunté

– A mis papás se les ocurrió llamarme así porque dijeron que nadie me olvidaría.-

Me contestó, un anciano que llevaba una década en el asilo Plaza Dañín, se llamaba Ecuador y lo conocían como Don Ecuador. Era muy amable y jovial. Su nombre me parecía peculiar pero no había caído en cuenta, hasta ahora, de todas las analogías y comparaciones que se podrían hacer con él y el país donde vivo.

A Ecuador lo conocí hace más de ocho años. Tuve conversaciones con él y como con toda persona mayor, me nutrí de sus experiencias para aprender a ser mejor. Ahora, Ecuador ya no está con nosotros y al ponerme a reflexionar sobre su paso por mi vida, reflexiono de misma manera el paso del país en mi vida. Ecuador (El anciano) y Ecuador (El país) no solo son homónimos sino que sus vidas tiene una comparación notable.

El deseo de los padres de Ecuador (El anciano) era poder darle a su hijo un nombre que se distinga del resto, para evitar que alguien lo olvide o no lo tome en cuenta; con ese hecho podría comenzar a hacer un análisis de nuestro país, pero como no soy experto en historia o ciencias políticas, el único análisis decente que puedo brindar es en comparación con nuestro cine.

Los padres del cine ecuatoriano han tenido un deseo muy claro, el mismo deseo de los padres de Ecuador. Evitar que su hijo sea olvidado. Los cineastas ecuatorianos se han esforzado para destacar al Ecuador (país) en cada una de sus producciones, creando, en muchos casos, un cine postal o turístico. La necesidad de remarcar de dónde provenimos, es uno de los males que aquejan a esta industria. Tenemos numerosos casos: “Qué tan lejos” de Tania Hermida, “Prometeo deportado” de Fernando Mieles, “Sin otoño, sin primavera” de Iván Mora, “Mono con gallina” de Alfredo León, “Quito 2023” de Lorena Caicedo e incluso “Pescador” de Sebastián Cordero.

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Aunque muchos de los títulos no sean en su totalidad un cine postal, hay que aceptar que la mayoría prescinde del país, provincia o ciudad para contar la historia. Estas historias no tienen cabida en otro país que no fuese el nuestro y eso es indudablemente preocupante. Todos los países tienen esta rama del cine, el problema es cuando la mayoría de películas se inclinan hacia este estilo. El cine nos permite contar diversas historias, pero al momento de arraigar un film tanto a un país, esto lo termina perjudicando. Quienes no son parte del “club” no van a entender en su totalidad el mensaje y hay que ser honestos, el Ecuador no es un “club” tan grande como para ser tan exclusivos.

Entonces, ¿Por qué lo hacemos? Tal vez la razón viene de nuestra conciencia histórica. Habría que recordar como se formó el Ecuador para entender bien esta obsesión de nuestro cine. El 13 de mayo de 1830 se convocó a los notables de la ciudad de Quito a un cabildo para tratar la separación del Distrito del Sur de la Gran Colombia. Guayaquil se adhirió el 19 de mayo y Cuenca el 20.

 “La carta fundamental de 1830 principiaba así: Art. 10.- Los Departamentos del Azuay, Guayas y Quito quedan reunidos entre sí formando un solo cuerpo independiente con el nombre de Estado del Ecuador.”

 La forma de cómo se constituyó el Ecuador fue una adhesión de departamentos después de una separación, tal vez por eso existe una rivalidad entre nosotros, porque nos juntamos por necesidad y no por convicción. Y si esto no hubiese bastado, decidimos llamar a nuestra madre patria como una línea imaginaria. Cualquiera que haya visto Prometeo Deportado entenderá la crisis existencial que nos provoca ese nombre, porque el Ecuador no existe.

Ese vacío de pertenencia a un sitio, afecta inconscientemente a nuestro cine. Necesitamos saber de dónde venimos, quiénes somos, por qué hacemos las cosas de cierta forma, qué nos une, qué nos distingue y ya es el momento de dejar ir esa idea. Los nuevos cineastas o los nuevos proyectos de los viejos cineastas ecuatorianos, deben explotar nuevas formas de contar sus historias que no sea mediante el uso excesivo de nuestro país, no por eso serán menos ecuatorianas. El objetivo está en encontrar la verdadera voz del país sin necesidad de caer en lugares comunes.

Aunque las intenciones de los papás de Ecuador (El anciano) eran lograr que no sea olvidado, lamentablemente en el umbral de su vida, fue internado en un asilo de ancianos, sus hijos poco a poco lo dejaron de visitar y sufrió de una enfermedad que fue lo callando. La vida del cine ecuatoriano no tiene fecha de expiración como la de los mortales, pero sí tiene una semejanza fundamental, puede existir en las voces de quienes la mencionan, démosle una voz digna para ser recordada.

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